Un año más se acerca el verano y con él las míticas y maravillosas fiestas de los pueblos de Valladolid. Por increíble que parezca, todos los fines de semana de julio y agosto se puede acudir a una fiesta de pueblos. Lo más llamativo de éstas, además de las verbenas, son los encierros que se celebran todos los días y, normalmente, uno por la mañana y otro por la noche. En Valladolid no hay fieta sin toros, ya que es una tradición muy arraigada de Castilla y son muchísimas las personas que dejan atrás sus miedos y se enfrentan a estos animales cada año.
Hay modalidades muy diferentes dependiendo de los pueblos, los más típicos son los encierros que se celebran en las calles del pueblo. Suelen ser cuatro o cinco vaquillas grandes (imponen bastante, os lo aseguro), que cruzan varias calles principales del lugar. Antiguamente no había ni talanquetas ni nada y los que saltaban al "ruedo" se enfrentaban directamente con los toros. Ahora hay mucha más seguridad, se ponen vallas por todo el recorrido para evitar que los animales queden sueltos. Además, cada vez hay más controles para evitar que corra la gente que está ebria, aunque personalmente creo que esto es imposible de controlar.
Estas son las más típicas, pero luego hay pueblos que tienen encierros más peculiares y más llamativos. A mi los encierros que más me gustan son los de Tudela de Duero, se hacen varios encierros por la noche, el último es a las once, y los toros son bastante más grandes que en el resto de los pueblos y hacen un recorrido algo más peligroso y más largo, porque llegan a cruzar el puente del pueblo. Estos encierros se llenan de gente todos los años, son espectaculares.
Por último, también hay otros pueblos que no celebran encierros sino otros espectáculos en los que el protagonista es también el toro pero se hacen otras cosas, uno de estos ejemplos es el toro de la Vega de Tordesillas. A mi personalmente no me gusta nada, porque me parece excesivamente cruel, pero para gustos los colores.