Atardece en Estambul, las gaviotas no dejan de chillar mientras atravesamos por cuarta vez el puente más antiguo de Estambul: el Gálata. No nos cansamos, cualquier excusa es buena para recorrer los puestos y los restaurantes del nivel inferior y subir algunas escaleras y atravesar el Cuerno de Oro por donde esperan los pescadores. Vendedores ambulantes de relojes falsos, deliciosos espárragos a la plancha, jovenes haciendo fogatas donde asan los pescados y beben una cerveza Efes bien fresca. El Gálata es el más bello resumen de Estambul, toda una cosomovisión del mundo en estos pocos cientos de metros.
El puente Gálata actual data tan sólo de 1994, sustituyendo la antigua estructura de hierro de 1910, que a su vez reemplazó a otros tres puentes. El de ahora es un puente pensado para que los ferries en dirección a Eyüp puedan atravesarlo sin problemas y para que la corriente de agua fluya y el Cuerno de Oro no vuelva a contaminarse.
Para mí, el lugar más auténtico de todo Sultanahmet.