Aunque menos espectacular que su fachada, el interior de la Mezquita Azul también es de una gran belleza. Las vidrieras y los azulejos que cubren las paredes captan nuestra atención, al igula que las ventanas con sus efectos luminosos -originalmente provenientes de Venecia-. En las horas centrales del dÃa, la mezquita suele estar abarrotada de turistas, por lo que es mejor elegir otro momento más tranquilo para visitarla y asà poder contemplar el edificio ejerciéndo de su función original: ser uno de los principales centros de oración de la ciudad. Es importante cubrirse la cabeza y descalzarse a la entrada para no llamar mucho la atención y ser respetuoso con las tradiciones.