La catedral de Valladolid es una auténtica joya que llama la atención por muchísimos motivos, pero el principal, es porque se trata de una auténtica maravilla arquitectónica que paradógicamente nunca ha llegado a terminarse, desde hace muchos años se encuentra a medio construir.
La catedral de Valladolid comenzó a construirse en 1589 y el encargado del proyecto fue Juan de Herrera. El estilo que utilizó era completamente novedoso, tanto, que posteriormente dio origen al estilo de Herrera,caracterizado por ser un estilo muy puro y elegante. De este estilo se construyó posteriormente el mismísimo Pilar de Zaragoza.
La construcción iba por buen camino hasta que en 1746 se realizó una torre, al parecer algo desproporcionada, que cayó finalmente en 1841.
Desde ese momento todo se empezó a complicar y finalmente quedó lo que se puede contemplar hoy en día, una catedral preciosa pero que no está finalizada.
En los últimos años se le ha pegado un lavado de cara espectacular y ha mejorado muchísimo su aspecto. Por un lado, se han modificado todos los alrededores, se ha hecho peatonal y se ha creado un espacio abierto que ayuda a que la catedral parezca muchísimo más solemne, y por otro, se ha limpiado a fondo todo el edificio, sobre todo la fachada, con lo que se ha conseguido que vuelva a relucir como antaño.
Se trata de un complejo muy curioso en el que destaca sobre todo la inmensa escultura que hay en la cima y que representa a un santo. esta figura se ve desde numerosos puntos de la ciudad y adquiere su máximo explendor por la noche gracias a la luz que le han colocado y que hace que tan sólo se vea la figura en lo más alto, dando la sensación de que ha aparecido por arte de magia del cielo.