No he podido especificar más, sólo puedo decir "cementerios" porque todo Estambul está lleno de ellos: cementerios sin nombre, repartidos a cada esquina, con cafeterÃas en su interior, lugares que resplandecen, que invitan a pasear. Llenos de romanticismo y misterio, estos rincones irrepetibles parecen contarnos historias de otro tiempo. La mayorÃa de ellos tienen más de cuatrocientos años y una belleza tal, que incluso las fotos no les hacen justicia.
Una de mis primeras experiencias en Estambul fue encontrarme de repente, sin buscarlo, en la arteria principal de Sultanahmet (Divan Yolu Caddesi) una pequeña puerta sin nombres, sin turistas, una pequeña puerta que daba paso a un mágico cementerio del siglo XVII. Dentro del mismo hay una sala de conferencias de la Universidad de Estambul (muy cercana) y un café que resulta encantador ya sólo por donde está situado (tomar un té turco aquÃ, cuesta un euro).
Resultan extrañas las tumbas musulmanas la primera vez que uno las ve. En cada tumba se coloca siempre una columna serpenteada con versos del Corán, que buscan la salvación del muerto. Muchas son pequeños templos en sà mismas, pequeñas joyas en las que merece la pena pararse.
No hay que marcharse de Estambul sin pasear por (al menos) uno de estos mágicos cementerios desperdigados por todo el centro.