Es muy fácil encontrar un buen mapa en las agencias de viajes del pueblo que nos informen sobre qué estamos viendo en Hierápolis, si las ruinas que observamos son el foro, unos baños, las letrinas o una basílica. Y siempre está bien informarse... Pero de vez en cuando es bueno abandonar la guía por un rato y perderse por las ruinas, disfrutar de ellas en sí mismas, como nuevos objetos que han cobrado vida con una función distinta a la que tenían anteriormente. La que fuera tumba quizás ahora sea la mejor maceta para las amapolas turcas, ese conjunto de rocas diseminadas ahora son punto de reunión para los viajeros cansados, esa otra es tan bella que el artista se para a dibujarla... Las ruinas de Hierápolis son especialmente evocadoras por hallarse en perfecta armonía con la naturaleza. Hay que dedicarlas tiempo, disfrutar del paseo por los estrechos caminos o por las señoriales calzadas.