Las personas enfermas del Hospital de Abobo tampoco tienen nada que ver con la mayoría de los enfermos que se pueden ver en los hospitales occidentales. En Etiopía cuando una persona acude al hospital es porque se encuentra mal de verdad, es decir, se encuentra grave. En el hospital de Abobo no ves a nadie que vaya porque tiene un poco de tos o porque ha tenido algo de fiebre, y es normal, ya que la mayoría de los enfermos tienen que realizar viajes muy largos para poder llegar hasta aquí y además, en muchas ocasiones no se puede hacer nada ya que no hay medicamentos para todo ni para todo el mundo.
La verdad es que la experiencia que vivimos en el hospital de Abobo fue increíble pero muy dura, porque te enfrentas con problemas serios y encima no puedes hacer nada, ni tú ni las personas que están alrededor.
Aquí las principales enfermedades son la malaria y el sida. En el hospital siempre hay personas que están a punto de morir de sida que apenas pueden moverse.
Las personas que más te afectan son siempre los niños. Se te crea un nudo en la garganta enorme al ver a niños tan pequeñitos con problemas tan gordos. Por ejemplo, el niño pequeño que aparece en varias fotografías tenía un problema de corazón y costaba bastante no desmoronarse al verle tan pequeñito.
La verdad es que en este tipo de sitios es donde te cambia realmente la visión de muchísimas cosas y donde te arrepientes de dar tanta importancia en ocasiones a cosas banales que no llevan a ninguna parte. Es un experiencia única que te ayuda a crecer como persona de una forma brutal.