Luxemburgo es un pequeño y extraño país caracterizado por una capital rendida al lujo la ostentación lo moderno y en ocasiones lo oscuro.
Si llegamos en tren encontraremos una estación que se presenta como la antesala a la ciudad que esta dominada por una ancha calle central que recorre de un extremo a otro a la misma.
Si nos adentramos a través de este enorme carril hasta el interior de Luxemburgo encontraremos una gran cantidad de edificios institucionales, tiendas de productos tecnológicos de precios desorbitados y un elenco de burdeles de lujo presididos por enormes porteros, un escenario digno para una película de David Lynch.
Resulta interesante visitar o al menos admirar desde sus aledaños los diferentes edificios institucionales, muchos de ellos de la Unión Europea. Ejemplo de ello es la Secretaría General del Parlamento Europeo. Y sí, ya podéis salir de Luxemburgo, posiblemente el país más soso del mundo.