El Puente de Londres, que muchos confunden con el Tower Bridge, fue construido por última vez en 1972. Lo inauguró la reina Isabel y costó al país 4 millones de libras esterlinas. Es curioso que mientras se estaba construyendo, se fue demoliendo piedra a piedra el antiguo puente y en ningún momento dejó de ser utilizado.
La iluminación nocturna del puente se empezó usando en el 2004 para el Día del Recuerdo pero se ha decidido mantenerla desde entonces y se ha desinstalado la iluminación de los otros puentes que cruzan el Támesis para que no hagan sombra a la "joya de la corona".
La verdad es que es uno de los puentes más bonitos e impresionantes del mundo y guarda toda la solera señorial que se espera de la capital, no por nada es el símbolo clave de Londres junto al Big Ben (y eso sí es decepcionante).
De cualquier manera, hay que cruzar el puente para visitar la Catedral de Southwark y el Monumento del Gran Fuego de Londres, así que no os preocupe perdéroslo.