El pasado miércoles, 23 de abril, fue el día del libro y Madrid siempre acoge esta fecha con ganas. Las casetas inundaron el parque del Retiro como siempre y los autores se dejaron las muñecas firmando libros a los lectores.
Esa misma noche las librerías tomaban el control casi monopólico de los bares de copas.
Pero yo soy un purista y prefiero cada cosa en su momento del día, los libros en el parque y las noches por los suelos. Todas las librerías y editoriales sacaban sus trapos sucios de segunda mano en una segunda hilera de estantes que casualmente siempre atraen a más curiosos que las propias librerías, y que el mercado negro de libros funcione me alegra el día, la verdad.
Si no lees, ni empieces a hacerlo…ya vale de entrometernos en el tiempo de los demás, o no. Pero si puedes perder 6 horas ojeando novelas peligrosas, otras 3 en libros de viajes y alguna más en libros de cocina, enhorabuena, te has perdido la fiesta dedicada a la parte más obscena de tu interior. Pero no hay que preocuparse, al año que viene habrá más aún.