Peinas mi melena torpemente; me apartas el flequillo mientras tu mano tropieza con mi frente.. Sopla el viento y me abrazas. Allá en el norte, el mar también abraza los peines que susurran el paso del aire que el Cantábrico trajo a Guipúzcoa.
Soplan susurros y suspiros que sesean en este silencio que se provoca entre tú y yo. No son los peines los que frenan el viento, son las corrientes las que se enredan, juguetean y buscan chocarse entre los sueños de Chillida. Son las rocas, las que animan e impulsan el vigor de las olas. Son tus brazos, los que alejan mi melena tras la frontera de mis hombros. Son mis brazos, los que sueñan, suspiran y susurran en silencio contra el muro de tu cuerpo.