Me recoges en Victoria Station, en ese tren tan formidable que te lleva de capital a capital europea sin esperas, ni taxis al aeropuerto. Del centro de Bruselas al centro de Londres en un par de horas.
De allí me llevas al metro y del metro, casi mareada y ensimismada de ponerte al corriente de mi días, salimos en una bocacalle. El sol de verano me deslumbra y ando algo mareada. Me dices: esto es Picadilly Circus y a mí, la verdad, me parece una plaza muy pequeña y los carteles de neón no son tan grandiosos y lucidos como en el televisor. El que más destaca es el de MacDonalds, y el de Sanyo, creo. Te comento que en Bruselas está el primer MacDonalds que se instaló en Europa y me miras impávido, como si no fuera para tanto.
Volvemos a entrar en el metro, donde nos regalan botellitas de agua para soportar la ola de calor que sobrevuela Londres y que pilla a la capital británica desprovista de medios para soportar estas temperaturas.
El Picadilly... ¿ah sí! Te pregunto que qué publicitarias desde allí. What?? Contestas tú. Te digo que si pudieras poner algo ahí, en un panel, en pleno bullicio londinense, que qué pondrías. You´r crazy!!, me contestas... Me hago la no aludida y te digo: si, un poco locos sí son los londinenses.