Siempre me han llamado la atención estas caras que decoran en sus ángulos correspondientes de sus rincones correspondientes la plaza Santa MarÃa de Cáceres.
En el Palacio Episcopal, dos medallones recuerdan a los indÃgenas americanos. No tengo ni idea quiénes fueron esta pareja pero esta visión antropóloga del otro debió asustar a más de uno y encender la admiración de más de otro.
Al lado izquierdo, como si fuera una bisagra, parece mirar a estos indios otra pareja, pero de este lado del mundo de los descubrimientos. Representan a Hernando de Ovando y su esposa MencÃa de Ulloa. Debieron pertenecer a la nobleza cacereña.
Los indios parecen ausentes, distraÃdos, como maravillados de lo que observan. Como si su visita a tierras extremeñas le pareciera fuera de todo lÃmite de su imaginación. En cambio, veo a la señora de Ulloa mirar a su marido mientras este la mira. Qué cambios los de estos tiempos nuevos que nos vienen, dice ella. Ni que lo digas, dice él.