Es, junto con la iglesia de San Carlo el otro gran referente si queremos hablar de puro barroco italiano. Fue encargada por la CompañÃa de Jesús al famoso Bernini en 1658. Al igual que lo sucedido con la iglesia de San Carlo, aquà también se disponÃa de espacio restringido. Para solventar esto, Bernini adoptó un tipo de planta elÃptico que tiene el eje más corto en la entrada que en el altar mayor. Es una de las iglesias más bellas que he visto nunca, sobre todo por la combinación de mármoles de distintos colores -algo tÃpico de Italia-. Su armonÃa es tal que al entrar todo el mundo se queda callado...
Se dice que Bernini consideraba esta iglesia como su obra más conseguida y que cuando era viejo le gustaba venir hasta ella y sentarse a contemplarla. Os aconsejo que hagáis lo mismo. Es el lugar perfecto para descansar y relajarse. Al ser tan pequeña la atmósfera que se respira es de familiaridad, de recogimiento.... Un lugar estupendo y no muy frecuentado. Llegar hasta ella es fácil. Desde la plaza delle Quattro Fontante, simplemente tomar la vÃa que conduce al Quirinal, está antes de llegar al palacio, no hay pérdida.