La ciudad de Gerona tiene un encanto un tanto especial. Si bien no es de esas ciudades que te encantan y te vuelven loco, un par de paseitos por sus calles, sobre todo por la arte antigua, valen para llevarse otra impresión de esta ciudad.
La parte más moderna, la del oeste, es quizás la menos atractiva, pues no deja de ser una ciudad más. Eso no quita el dar una vueltecita por ella.
Lo mejor es arrancar en la plaza de la Independencia. Muy bonita y acogedora, por cierto. Con muchos cafés en los soportales donde tomar algo en la terraza. Se está de maravilla con buen tiempo, pues te tapa el sol y apenas hace calor.
Desde aquà podemos ir hacÃa el rÃo Oñar, ver las casas colgantes (Hay un rincón de ellas). cruzar el puente y perderse por las callejuelas antiguas, muchas peatonales, con su suelo adoquinado y sus edificios bajos casi tocándose unos con otros. Son calles para perderse, entrar en sus callejuelas casi imposibles y mirar por todos los lados. Muchas tiendas y comercios aún guardan su estética tradicional. Subiendo por sus callejuelas, al lado de la muralla, llegaremos a la torre de la Gironella, desde donde hay una bella vista de la ciudad y los alrededores. Muy cerca está la Universidad y la Catedral de Santa MarÃa, frente a los juzgados. Justo al lado, por la calle de detrás, se entra a unos jardÃnes bastante bonitos.
Volviendo por doonde hemos venido, podemos seguir el rÃo hasta uno de sus puentes finales y volver por la parte más nueva y moderna, más o menos a la altura de la calle Doctor Luis Pericot. De ahà seguiremos por el oeste y descubriremos alguna que otra placita destacable. Al norte,por la zona de la calle Figuerola, está el museo del Cine, que merece una visitilla pues cuenta la historia del cine y hay varios elementos originales de pelÃculas. La tienda está bastante bien y los posters son una pasada.
Justo un poco más arriba está el parque de la Dehesa, donde perder una tardecita con buen tiempo.
Los alrededores tambiñen merecen una visita, como la zona de Sarria de Ter, a orillas del rÃo Ter.
El aeropuerto está a unos doce kilómetros y la estación de tren en el centro de la ciudad.
Si se tiene la ocasión se puede ver un partido de baloncesto en el Pabellón de la Fontajau, la casa del Akasvayu. Está más al norte del parque de la dehesa, en la calle Fontajau, una zona residencial. El edificio del pabellón es bastante simple y curioso, aunque por dentro es un tanto pequeño, pero no está mal.
La verdad que merce la pena una visita a esta ciudad un tanto desconocida para muchos. A primera vista puede no impresionar, pero tras la vuelta de rigor por el barrio antiguo la cosa será distinta.