En pleno centro de Viena, el Parlamento se erige como otro de esos grandes edificios monumentales que tiene esta ciudad que tanto me maravilló.
Desde fuera, el edificio es sobrecogedor. De un tono sobrio, su mármol blanco y sus formas llaman la atención del visitante, que se para a pensar en carruajes, caballos y grandes personajes subiendo la cuesta que acerca hacia la puerta principal entre una interesante forma curva.
Un lugar precioso.