La capital de Eslovenia, Liubliana, es una auténtica maravilla tanto por los alrededores que posee como por la ciudad en sí. Se encuentra situada entre los Alpes y el mar Mediterráneo y está bañada por dos ríos, el Ljubljanica y el Sava.
Está muy bien distribuida y nunca da sensación de aglomeración. Arquitectónicamente, Liublina posee una gran mezcla de estilos. Por un lado tiene una gran influencia austriaca que se hace patente sobre todo en la arquitectura alpina de algunos de sus barrios. Otro elemento que destaca es la modernidad de los grandes sectores de la ciudad, que fueron construídos después de la segunda guerra mundial y el encargado de diseñarlos fue el arquitecto esloveno Jože Plečnik.
Pero lo que más llama la atención sin duda es la limpieza que hay por todas partes y el orden que reina en la ciudad. Es algo impensable encontrar un papel por el suelo y parece que todo se ha construido con sumo cuidado. Es una de esas ciudades por las que da gusto pasear.
Una de las partes más bonitas de la ciudad es la ribera del río Ljubljanica. Pasa por el centro de Liubliana y posee varios puentes preciosos que parecen salidos de un cuento infantil. En la ribera podemos encontrar además multitud de restaurantes y bares que están decorados con un gran estilo y ponen terrazas en cuanto sale el sol.
En Liubliana también vamos a poder encontrar muchísimas plazas. Todas están super cuidadas y suelen tener preciosas fuentes en el medio.
Liubliana es una ciudad muy acogedora y sobre todo muy tranquila. Además, la gente es super hospitalaria y siempre está intentado ayudarte. Eso sí, os recomiendo que llevéis calzado cómodo porque tiene muchísimas cuestas.