La basílica de San Pietro in Vincoli -cadenas-, debe su nombre a esta reliquia guardada en la parte inferior de la misma. Son los eslabones de las cadenas que amarraron a San Pedro en la prisión de Jerusalén y en su calabozo romano. Cuenta la leyenda que, cuando se acercaron la una a la otra, estas cadenas se soldaron milagrosamente. Está considerada una de las reliquias antiguas más importantes de la Cristiandad y son veneradas por miles de peregrinos cada año. Resulta bastante emocionante contemplar un objeto tan antiguo y con tanta historia -tanto si fuera real como no-. Tantas esperanzas y tanta fe puesta en este objeto hacen que el lugar tenga una energía especial. ¡No os lo perdáis!