Los campos de fútbol actuales equivaldrán dentro de muchos siglos a los circos romanos. Mi duda es si perdurarán, pero está claro que son las grandes obras para espectáculos que existen actualmente.
Claro está que la funcionalidad y el precio han hecho de estas moles de cemento edificios feos y grises. Sin embargo, cuando se apagan las luces y se ilumina el estadio, el espectáculo hace olvidar lo incómodo del asiento o los bocinazos del vecino.
El partido es Barça-Getafe y ganó Goliat, aunque David tendría oportunidad de vengarse en la Copa del Rey.
Ni que decir tiene que los partidos se ven mucho mejor por la televisión, los sus planos cortos, el zoom, las repeticiones y el comentarista. Sin embargo, el partido visto desde un punto fijo y con jugadores microscópicos tiene el encanto del directo, el furor que desatan los campeones.