La tierra sólo es tierra. Sin nada más que tierra se convierte en arena de desierto, seca e infértil.
El agua, suspendida en el cielo, no es más que el cúmulo de cientos de gotas condensadas en forma de nubes.
Pero tierra y agua se suman y generan vida. La unión perfecta da cobijo al grano y origina el milagro de los cultivos que pronto espigarán.
De momento es necesaria la lluvia, para que crezca el sembrado. Ya habrá tiempo para la agricultura, para multiplicar cada grano sembrado, para pasear entre mares verdes, tranquilos y solitarios, entre espigas amarillas, cuajadas de sol y esperanza de grandes cosechas, de terrenos segados, refugio del ganado que pasta y tierra que descansa.