De dimensiones espectaculares y filalmente terminada por Bernini, la fachada de la Basílica de San Pero supuso una -casi eterna- búsqueda de la armonía conjugada con la majestuosidad. Quizás sea la cúpula de Miguel Ángel su mayor logro. Antiguamente era visible a decenas de kilómetros. Reposa sobre un tambor en donde se han abierto ventanas. Su dimensión es tan espectacular que varias personas pueden estar tranquilamente sentadas en la bola que remata la cúpula.
Está permitido subir a ella. Aunque las colas son bastante largas y es necesario pagar una entrada, las vistas bien merecen la pena
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