Florencia pasa por ser una de las ciudades más turÃsticas del mundo. Y es normal. Por sus calles se respira historia, arte, vida. El único problema es que, en verano, puede estar tan llena que pasear por ella se hace más un ejercicio de autosuperación que un deleite.
Aún asÃ, merece la pena pasar por allÃ. Porque tiene cosas que hacer y que ver en cada esquina y porque se encuentra en un lugar privilegiado en el cento de la preciosa provincia de la Toscana.
En Florencia, uno de sus lugares más emblemáticos es la Catedral o Duomo. CaracterÃstica por sus colores (mármol blanco y verde) y formas, nunca deja indiferente al turista. En los años esplendorosos de la ciudad, su rivalidad con Siena (a pocos kilómetros) era evidente y ambas luchaban por construir los mejores monumentos. Prueba de ello es esta genial obra que merece una visita. Si consigues llegar a buena hora, merece la pena entrar. Pero suele haber tanta gente en la cola que ya depende del plan que uno tenga si merece la pena o no esperar...
Además, en agosto se pueden alcanzar temperaturas de escándalo... Siempre te quedará el consulo de tomarte alguno de los mejores helados del mundo que se hacen por allÃ.