Caótica como la que más, callejear ya sea andando ya sea en taxi por El Cairo es prácticamente una aventura. Al menos, en los primeros momentos. Cuando pasan las horas, creo que acabas adaptándote (aunque algo cuesta) e incluso pillándole el truquillo... El sonido del cláxon de automóvil es constante y los semáforos y señalizaciones, puras ornamentaciones. Cruzar las calles, una auténtica odisea y montar en taxi, un "si lo sé no vengo". Por cierto, que es una opción muy barata y cómoda para ver la ciudad. También el metro es una alternativa fiable y tirada de precio. Eso sí, cuidado con los vagones de color rojo porque son sólo para mujeres.
En resumen, una ciudad agotadora, y más si, como en mi caso, la visitas con lluvia (algo bastante poco frecuente).! El barro lo inunda todo!