Si algo caracteriza a Nueva York son sus enormes rascacielos. Durante todo el viaje, al menos la primera vez que se va, estaréis mirando hacia arriba, perdiendo la cuenta de cuántos pisos tiene ese edificio que no se ve acabar nunca. Por Manhattan todo son moles de edificios de al menos 30 pisos hasta llegar a los 86-88 del Empire State Building. Apenas da el sol en los dÃas claros, pues se lo quedan todos los edificios, que allà arriba hará frÃo...
Pero no sólo hay que mirar la ciudad desde abajo, contemplarla desde alguno de los miradores de los rascacielos es toda una experiencia. Los más famosos y recomendables son el Rockefeller y el Empire State.
Desde arriba se ve todo completamente distinto. Las distancias parecen más pequeñas y los peatones osn hormiguillas. De dÃa se puede ver bastante lejos, pero de noche la cosa cambia y sólo se ve lo que marcan las millones de bombillas de la ciudad. Es todo un cuadro de pequeñas lucecitas que crean formas y son surcadas por los coches que no dejan de pasar.
Además, los tejados de los edificios son un tanto curiosos y algunos albergan depósitos de agua como los de las pelÃculas. No está mal detenerse un poco a observar con detalle la ciudad desde arriba, ver calles por als que hallamos ido, sitios a los que queramos ir o simplemente, alucinar.
Otra opción es hacer esto mismo en helicóptero. Más bonito, sin duda, pero muy caro para el tiempo que estás allá arriba.