La estación central de Nueva York (Grand Central Terminal), es otro de esos lugares que se han visto en infinidad de ocasiones en películas, cuadros, fotografías... La verdad es que es un sitio bastante peculiar y merece la pena darse una vuelta. Se encuantra muy cerca de la quinta avenida, a la altura del Rockefeller Center más o menos. Justo entre rascacielos gigantescos surge esta pequeña estación de estilo clásico que llama la atención nada más verla. Según entras por la puerta te encuentras con el hall de la estación, presidido por una enorme bóveda con un dibujo del firmamento bastante bonito que se ilumina por la noche. Hay un trozo que no tiene nada para que se aprecie como los humos de los trenes y el paso del tiempo ensucia. En el centro del hall está el punto de información, donde, además de ver los destinos de los trenes o comprar un billete, hay información y folletos acerca de la historia de la estación. Durante el día, un par de veces hacen un espectáculo de luces y sonido en el hall principal, que no dejará indiferente a nadie. Muy cerca se puede uno unir a los tours gratuitos que te cuentan algo más sobre este monumento.
Si uno va en hora punta, se volverá loco viendo desde las escaleras pasar a miles de neoyorquinos corriendo como hormiguitas en busca de su tren. Es una de las estaciones más transitadas de la ciudad y tiene un par de cafeterías en la entrada que no están nada mal.
Fuera, la estación está decorada con estatuas diversas y levantando la cabeza, vemos bastante cerca el edificio Chrysler.