El silencio se hace entre los visitantes en cuanto aparece a la vista, como por un acuerdo tácito de respetar el instante. Gigante, blanco, azul, plagado de destellos y de aristas en forma de punta. Algún barco se acerca al glaciar y parece diminuto, insignificante. La primera imagen que queda en la retina al ver el Perito Moreno, queda para siempre. No tan solo uno más entre los glaciares.
Al desplazarse separa en dos un lago, haciendo de exclusa, hasta que la presión del agua destruye la parte final del Perito. Yo no tuve la suerte de verlo (ocurre cada varios años, sin una periodicidad fija), pero si pude ver grandes bloques de hielo que se desprenden de la pared del glaciar.