"Bilbao en gris nos hace pensar en lo transitorio que se lleva la vorágine; en lo eviterno, que ha tenido comienzo y no tendrá fin; en lo eterno, que no ha comenzado y que no acabará". Azorín.
A mí Bilbao me lleva a los escritores de la generación del 98 y pasear entre sus calles es lo mismo que entrar en una novela de Miguel de Unamuno, que nació aquí, y sentirme uno de sus personajes. No en vano ya lo anticipó Don Miguel: “Bilbao….. mientras yo viva, vivirá conmigo….. y no pienso morirme nunca del todo, porque él no puede morir del todo y en él espero vivir”.
En efecto, allí vive el gran autor, entre ese color gris que anuncia Azorín y la lluvia, que no nos frena en nuestro paseo y que remarca Blas de Otero: “Bilbao y llueve, llueve, llueve, livianamente, emborronando el aire, las oscuras fachadas y los débiles lomos de Archanda, mansamente llueve”.
Bilbao me trae a una vieja amiga y le comento que si tuviera que poner un adjetivo a sus calles, a su gente, sería el de la amabilidad y elegancia. Bilbao es como las novelas novecentistas que, sin ser bonitas ni alegres, más bien oscuras y tristes, no puedes dejar de recordar con una predilección especial.