El tamaño de la ciudad de Bratislava la hacen perfecta para conocer a pie en muy poco tiempo. En un día, uno podrá haber recorrido la mayoría de sus calles, todas distintas. Por toda la ciudad surgen pequeñas callejuelas que dan a otras más grandes y se vuelven a perder. Son calles antiguas, clásicas, algunas de suelo empedrado y otras añgo más remodeladas. Muchas son estrechas y otras muy anchas. Pero con ellas se mezclan las modernas calles y avenidas, con los tranvías pasando junto a los coches. POr las calles hay infinidad de estatuas pintorescas, como un fotógrafo, un obrero mirón, un niño jugando... Cada una de ellas es como un obra de arte, con sus edificios únicos y de diferentes colores, que los días nevados adquieren otro color especial.
Eso si, que uno no espere encontrar aquí calles majestuosas y recargadas. No. Lo que descubrirá serán lugares que nunca imaginaría encontrar en una ciudad tan desconocida como Bratislava. Pasajes bellos que merece la pena recorrer mirando con detenimiento para ver que se esconde en cada uno de ellos, porque, de verda, en gran cantidad de calles hay algo que se escapa a los ojos y que merece una mirada más detenida.