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Camino en Chimeneas de Hadas y otras formaciones de Capadocia

Camino en Chimeneas de Hadas y otras formaciones de Capadocia
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Francisco Dominguez Penis
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Si observais la fotografía veréis, a la derecha del montículo más alto, una ventana protegida con cristal, Es la casa de un, llamemoslo Concejal del pueblo próximo, -Es mi casa. - nos dijo. No se si con la intención de invitarnos a pasar a cambio de algún dinero o sencillamente porque era tan servicial como el resto. Hubiera entrado con gusto, pero lo de ofrecer dinero te puede hacer pasar vergüenza dado que lo habitual es que lo rechacen categoricamente, por lo que no sabes si haces bien o haces mal ofreciendolo o negándote a pasar. Imaginaros que al salir de aquí coinciden dos vehículos en el camino. Uno de los dos tiene que ceder el paso. Vemos que se observan detenidamente, el que tenemos enfrente hace un gesto con la mano, pidiendo que nuestro conductor de marcha atrás. No obedece, mete la marcha, se acerca cuanto puede al otro y literalmente lo empuja hacia atrás. -¡Aquí la tenemos! - dice unos de los amigos. La tensión crece por momentos. Miro a nuestro guía y le toco el brazo al objeto de que se de cuenta de que no está bien lo que hace. Le digo que "tranquilo". Al instante empieza a reír como un loco, acelera el motor dando marcha atrás, gira precipitadamente, nos mira y exclama: -¡Es mi primo!. Asi es esta gente, sencilla, bonachona, siempre alegre, cordial. Este rincón y todo su entorno es una auténtica preciosidad. Al día siguiente nuestro guía nos propone organizarnos una cena. -¿Con cerveza? - le preguntamos. (Se les prohíbe el alcohol). Aceptamos y quedamos a eso de la nueve de la noche. Cuando vemos el lugar al que nos lleva se nos caer el mundo encima. Cuesta hacerse una idea, Una especie de barraca de feria con una persona ya mayor a la puerta. Se supone que es el Vigilante del recinto. Nadie dice nada. Es mejor callarse, tenemos la impresión de que nos la acaban de dar con queso. Se abre la puerta del local y sorprendidos descubrimos una rampa tallada en la roca, con tapices y todo tipo de adornos en sus paredes. -¡Coño! - comenta alguien. Descendemos, giramos a la izquierda, luego a la derecha, un recibidor, los aseos, descendemos un poco más, una sala con carteles de eventos pasados y por venir, y de repente un recinto enorme, todo eso tallado en la piedra, un salón circular con cinco salas repartidas a izquierda y derecha. Estamos solos, nos traen una serie de platos típicos del lugar, el guía nos sirve sin cesar, hacemos comentarios jocosos. -!Nada, que este está empeñado en darnos de comer!. Reimos sin parar mientras nos procura una especie de bebida similar al pastis francés, es decir una anisette. Un local tan enorme para nosotros solos no era normal, cientos de mesas repartidas por el recinto, debidamente preparadas, indicaban que allí faltaba algo. Y así era, a eso de las diez de la noche no cabia un alma, Varios autobuses se encargaron de trasladar al turista hasta allí, todos al mismo tiempo, a la misma hora, y comenzaron las danzas tradicionales, entre otras la del vientre. Una noche memorable y en verdad que no faltó el alcohol, ni las salsas picantes. Que el turista se lleve un buen recuerdo. Que gente, repetiría con gusto.
Francisco Dominguez Penis