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Historia antigua en Petra

Historia antigua en Petra
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Francisco Dominguez Penis
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A un joven que vendía baratijas en un tienda le preguntamos sobre "Petra la chica". -¿La quieren conocer?. Le dijimos abiertamente que si. Todos estábamos de acuerdo. -!Si lo desean yo podría organizarles una cena allí, hoy, esta misma noche!. -¿Por la noche? - comentamos. -Será muy romntico, a los franceses y a los alemanes les encata. Yo lo llevo todo, ustedes no se preocupen de nada, me encargo de la cocina y de la bebida. -¡De los refrescos! - le respondemos, porque: ¿A que no tienes cerveza?. Cuando nos recoge y nos lleva al lugar lo hacemos en un vehículo todo terreno a través de un campo labrado y cubierto de piedras que hacen temer un reventon de cualquiera de los neumaticos. Unos perros en un sendero parecen estar devorando el cadáver de un asno, animal muy abundante en la zona. -¡Que horror! - comenta una de las mujeres. Cuando al fin nos detenemos el guía lo hace junto a una piedra en forma de cono, que va asciendiendo desde aproximadamente un metro hasta los cinco o seis. Nos pide que ascendamos por ella. Uno/as dudan, otros también y al final, con la ayuda de una simple linterna nos animamos al peligroso ascenso nocturno. Alla que vamos todos en fila india, agarrados de la mano. Alguien está a punto de caerse. -¡Esto es Petra chica! - exclama dirigiendo el haz de luz hacia lo alto del montículo. Sorprendidos descubrimos que la roca había sido labrada con la forma exacta que tiene el monumento que se observa en la fotografía remitida. Nos explica que los navateos hicieron en esa roca la primera prueba, detalle que les habría de servir de muestra para lo que vendría después. Nos pide entonces que entremos en una pequeña sala de poco más de doce metros cuadrados. Extiende sobre el suelo una manta enorme y empieza a organizarlo todo. Nos cuesta explicarle que no, que el lugar no es precisamente lo que nosotros consideramos un sitio romántico, que esperabamos otra cosa. La delicadeza con que actuamos, para no ofender al joven le da alas para insistir. Sigue en su empeño. Se hace necesario ser más directo. -¡Oye..., que no..., que mi mujer no se sienta en el suelo a cenar..., y mucho menos en un sitio como este, lleno de tierra y de papeles, nos llevas a cualquier otro sitio, a un parque si quieres y nos preparas la cena, pero aquí no!. Finalmente acepta y acabamos todos en la sierra, Petra a nuestros pies, en un lugar donde por lo visto se reúne la gente del lugar de manera habitual. El sitio no puede ser más romántico. El joven se desvive con sus amigos los españoles, nos habla de sus costumbres, de que sus hermanas jamás enseñarían su rostro a un hombre, por vergüenza, porque eso es lo que les han enseñado, nos explicó que eran muchos hermanos, que había estado en España, que Alicante, en una playa, vio a las chicas con sus cosas al aire, -!que vergüenza! - añadió, yo no estaba acostumbrado, que regresó pronto a su país porque su padre padecía una lesión en la espalda. Encantados con él nuestras mujeres alabaron la valía del joven. La mía comentó que le recordaba mucho a su "Carlitos". Que tenía labia no había dudas, que nos cayó bien también, pero era aún mejor como cocinero y en verdad que la noche acabó maravillosamente bien. -¿Sabeís porqué?. El punto final lo pusimos nosotros, el chico no bebió de él, pero a nosotros no se nos olvido el rioja. -¡Faltaría más!.
Francisco Dominguez Penis